El filósofo y matemático británico Arthur William Bertrand (1872-1970) fue invitado a exponer una conferencia política en un club de mujeres conservadoras. Debido al discurso izquierdista de Bertrand, las damas comenzaron a arrojarle todo lo que caía en sus manos. Para evitar males mayores y rescatar al filósofo, un guardia intentó apaciguar a la masa enfurecida. "¡Señoras, pero es un gran matemático!", exclamó. "¡Pero es un gran filósofo!", insistió sin ningún éxito. Finalmente , el guardia gritó: "¡Pero su hermano es conde!" La calma volvió a la sala y Bertrand pudo salvar el pellejo.