En la junta de la Sociedad Británica de Oxford que se celebró en 1860, el obispo anglicano Samuel Wilbertforce, contrario a la teoría evolutiva, se dirigió a Thomas Huxley y le preguntó "¿Pretende Darwin descender de un mono por la línea de su abuelo o de su abuela?" Huxley musitó a la persona que tenía a su lado: "El señor me lo ha puesto en las manos." Dicho esto, el naturalista se levantó y tomó la palabra: "Si lo que me pregunta es si opto por abuelo entre un miserable mono y un hombre tan altamente dotado por la naturaleza, poseedor de grandes recursos e influencia pero que, sin embargo, emplea esas facultades y esa autoridad con el mero propósito de introducir el ridículo en una importante discusión científica, proclamo sin vacilar mi preferencia por el mono."