Cuando los zoólogos del Museo de Historia del Museo de Historia Natural Británico contemplaron por primera vez la piel de un ornitorrinco, en 1799, algunos consideraron que se trataba de una falsificación. Sospechaban que algún gracioso había insertado un pico de pato en el cuerpo de un cuadrúpedo. De hecho, trataron de descoserlo, como atestiguan las marcas de las tijeras que han quedado en la piel original.