Regnier de Graaf (1641-1673) descubrió los folículos femeninos, es decir, el envoltorio de los óvulos, en una época en que se pensaba que las hembras tenían testículos, de los cuales procedían unos huevos que iban a parar al útero. La idea de que las mujeres ponían huevos trajo por la calle de la amargura a De Graaf.