Un tipo de sacerdotisas consagradas a diferentes diosas era el de las plácidas, las hijas más bellas de la élite egipcia que eran reclutadas para que se dedicaran a la prostitución. Se trataba de un cometido sagrado, como demuestra el hecho de que ejercían el oficio más viejo del mundo en el templo de la diosa Asarté (Afrodita). Las jóvenes entregaban sus cuerpos como parte del ritual de siembre, para aumentar la fertilidad de la naturaleza.