En el Imperio Antiguo, el faraón era el único varón que podía tener varias esposas legítimas. Pero éstas tenían diversas categorías: por ejemplo, las de rango inferior nutrían el harén, para satisfacer sexualmente al soberano. Sólo unas pocas mujeres, con toda seguridad emparentadas familiarmente con el faraón, eran auténticas reinas que por lo general podías ser enterradas en pequeñas pirámides subsidiarias construidas al lado de las de su esposo.