El regalo de los dioses Hace 3.000 años, los olemcas, una de las más antiguas culturas precolombinas, que ocupaban el área selvática del golfo de México, fueron los primeros en cultivar el árbol del cacao. Tras su desaparición, la civilización maya se asentó en una extensa zona que iba desde la península de Yucatán (México) hasta la costa pacífica de Guatemala. los mayas creían que el árbol del cacao pertenecía a los dioses, y que las vainas de su tronco eran un regalo divino para el hombre. Ya por el año 300 de nuestra era, esta cultura grababa en sus palacios y templos imágenes de vaínas de cacao, que para ellos simbolizaba la vida y la fertilidad. Con su semilla, los maya crearon una especie de brebaje amargo, sólo reservado para para reyes y nobles. En torno al año 900, los toltecas, seguidos de los aztecas, se establecieron en el antiguo territorio de los mayas tras la caída de estos como imperio. Los aztecas consideraron el chocolate como un regalo del dios Quetzalcóatl, quien, expulsado del paraíso, ofreció el árbol del cacao a los hombres.
Al parecer, el propio Colón fue agasajado a su llegada a América con unos frutos ovalados de color marrón con los que se elaboraba una bebida amarga que los indígenas xocolatl, obtenida de tostar el fruto y añadirle agua, harina y especias. Se tomaba fría y espumosa, por lo que se tiraba desde la altura de la cabeza, como se hace la sidra. Cuando Hernán Cortés llegó a México, los indígenas lo confuncdieron con Quetzalcóatl y se devivieron para ofrecerle esta apreciada bebida en un vaso de oro. Su introducción en Europa fue por medio de un monje que viajaba con la expedición, quien mandó una muestra a su monasterio, en España. Con el tiempo se realizaron experimentos como el de separar la manteca del cacao y hacer una mezcla que resultó ser maleable, gracias a lo que se obtuvo la tableta de chocolate. |