A principios de 1928, el profesor Bordier de la Universidad de Lyon, presentaba ante sus colegas un curioso aparato con el que aseguraba podía curar resfriados en cuestión de minutos. El aparato constaba de unos cables eléctricos que se introducían por la nariz del paciente y se aplicaba una corriente eléctrica de alta frecuencia. El resultado: la congestión se aliviaba y la corriente aniquilaba a los gérmenes si dañar la nariz.