Alrededor del año 6.000 a.C., los helenos observaron que un pedacito de ámbar -al que llamaban electrón- tenía la propiedad de atraer partículas de paja después de ser frotado con un paño de piel. La magia y el misterio que provocó este hecho no fueron desvelados hasta el siglo XVI cuando el físico inglés y médico de Isabel I, William Gilbert (1544-1603), conocido por sus experimentos originales sobre la naturaleza de la electricidad y el magnetismo, descubrió lo que denominó "vis elecctris", la capacidad que tiene algunas sustancias para atraer objetos ligeros a través del frotamiento.