La carta de las chinches El señor Jones cena y toma una copa en el vagón restaurante y luego se retira a su compartimento a acostarse. Un par de horas después se despierta con picores, empieza a rascarse, se sienta, enciende la luz y descubre que la cama está infestada de chinches.
Llama al mozo y al revisor. Estos se disculpan, pero le dicen que no pueden darle otra litera porque el tren va lleno. Total, que tiene que pasar la noche sentado en el vagón restaurante y, cuando llegan a Chicago, se baja del tren hecho una fiera y le manda una carta de protesta al presidente de la compañía Pullman de Nueva York.
A vuelta de correo le llega una carta que chorrea un arrepentimiento y una preocupación innobles.
Sentimos mucho lo que le ha ocurrido -dice la carta-. Puede estar seguro de que hacemos todo lo que está en nuestra mano para mantener nuestras camas y el resto de las instalaciones absolutamente inmaculadas y le pedimos perdón por esta inusitada situación. Esperamos que esto ni le disuada de viajar con Pullman. Vuelva a pornernos a prueba y estamos seguros de que su expereicnia será mucho más grata.
Sólo hay un pequeño problema. Hay una nota sujeta con un clip a la carta. Obviamente, es un memorándum interior que no debió haberse adjuntado, pero alguien se olvidó de quitarlo. Dice así:
Bill, manda a ese hijo de puta la carta de las chinches
Esta carta tiene varias versiones y lleva circulando desde 1940 y, seguramente es conocida desde antes. Una carta al Princeton Alumni Weekly del 5 de febrero de 1992 llega a datar "la carta de las chinches" en 1889 y se le atribuye directamente a George M. Pullman, presidente de la compañía de coches cama.
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