El arreglo de la chimenea Un albañil construye una chimenea nueva para un hombre rico. Cuando acaba su trabajo le reclama el dinero, pero el acaudalado cliente le dice que no puede pagarle en ese momento, que no tiene dinero suelto. El albañil le contesta que de acuerdo, pero que, si él tiene que esperar, el cliente también. El millonario se muestra de acuerdo. No encenderá la chimenea hasta que le haya pagado. El albañil se va a casa. Más o menos una hora después el adinerado cliente aparece en su casa: ¡Tengo la casa llena de humo, maldita sea!
Le dije que no utilizara la chimenea hasta que me hubiera pagado –le dice el albañil-. Cuando me la pague se la arreglaré.
Entonces el cliente saca la cartera, que resulta que está llena de “suelto” después de todo, y el albañil vuelve a la casa del rico. Lleva en la mano un ladrillo. Se sube al tejado con el ladrillo y lo tira por la chimenea, destrozando el panel de vidrio que había instalado taponando el tiro. |