El piloto encerrado En el vuelo inaugural una tripulación bien cualificada cruzaba el límpido cielo azul en un FL 310. El piloto y el copiloto mantenían la altitud prevista… todo iba de maravilla.
El piloto, siguiendo la política de la empresa, le dijo al copiloto que tomara los mandos mientras él iba fuera a hablar con los pasajeros. Salió de la cabina de mando. El copiloto siguió atendiendo diligentemente sus deberes hasta que se dio cuenta que de necesitaba aliviarse. Esperó a que volviera el piloto… y esperó…. y esperó.
Al final, y considerando la discreción la parte más importante del valor, comprobó los aparatos y el cielo de los alrededores por si había tráfico: no había nadie e iban a una altura considerable. El piloto automático funcionaba a las mil maravillas. Echo una última mirada y se levantó rápidamente del asiento de la derecha, salió de la cabina y se dirigió al lavabo. Tras acabar lo que le había llevado allí, salió apresuradamente del lavabo y cogió el picaporte de la puerta de la cabina. Estaba cerrada. Se buscó la llave y entonces recordó que la tenía en la chaqueta, dentro de la cabina.
Olvidándose de toda formalidad, se dirigió a la zona del pasaje donde el comandante estaba en animada charla con los pasajeros. Le dio un golpecito en el hombro y le pidió sus llaves de la cabina. Sin mirarle, le dijo que las tenía en el bolsillo de la chaqueta, en la cabina y, al mismo tiempo se dio cuenta de la situación y le soltó incrédulo: “Pero, ¿qué haces tu aquí?”. Ambos pilotos salieron corriendo hacia el morro del avión
Un hacha de incendios, una puerta destrozada dos egos humillados má tarde, el avión volvía a estar bajo control humano. No hace falta decir que la compañía aérea cambió su política. |