Había una vez una sujeto que tomaba muchas drogas y una noche llegó a casa después del trabajo, se agarró un colocón y decidió prepararse algo para cenar. Encendió la freidora para hacerse unas patatas fritas y cuando creyó que el aceite ya estaría bien caliente para ferir, lo comprobó sumergiendo en él la mano, que se la frió al instante.