La tarjeta perdida Una encantadora mujer de clase media encontró una noche una tarjeta de cajero automático tirada en el suelo y pendó que la forma más sencilla de devolverla a su dueño era metiéndola en un cajero.
Insertó la tarjeta en la ranura del cajero más cercano y pulsó algunos núemeros al azar. Sabía que sin el número de identificación personal, el cajero se quedaría la tarjeta y un empleado la recogería por la mañana. Pero, contra todo pronóstico, dio con el número correcto y en la pantalla parpadeó un amable mensaje: "¿Qué cantidad desea retirar?" |