Un granjero estaba perdiendo muchos melones por culpa de las incursiones nocturnas de que era objeto su plantación, así que puso un cartel que decía: “¡Cuidado! Hay un melón envenenado en este huerto”. Al día siguiente se encontró con que no le faltaba ni un solo melón, pero alguien había cambiado el cartel, que ahora decía: “Hay dos melones envenenados en este huerto”.