La tienda estaba siempre llena de jubilados y un día vieron a que un anciano que salía de la tienda andando despacito le caía una gota de sangre de debajo del sombreo. El encargado corrió hacia él para preguntarle si le había pasado algo, si se había caído o algo así. El hombre le explicó nerviosamente que lo único que quería era irse. Al intentar ayudarle, el encargado de la tienda le levantó el sombrero y descubrió que el hombre llevaba una chuleta sin envolver encima de la calva. Fue arrestado de inmediato por hurto.