En 1786, el fisiólogo italiano Luifi Galvani observó que un anca de rana amputada se contraía como si estuviera viva cuado se la colocaba sobre una mesa cerca de un generador electroestático. Para completar el experimento, Galvani colgó la pata de otro batracio en una barandilla de hierro por un gancho de latón y notó que la parte inferior de la extremidad se contraía cuando tocaba la parte inferior de la barandilla. El italiano pensó que las contracciones eran debidas a algún tipo de electricidad animal. Pero su compatriota Alejandro Volta corrigió el error, al demostrar que eran los dos trozos de metal los que generaban la pequeña corriente eléctrica, y no el músculo de la rana. Gracias a esta observación, Volta construyó la primera batería, la cual describe en una carta remitida a la Royal Society de Londres, en 1800. La batería de Volta utilizaba células compuestas por dos metales diferentes –por ejemplo, cobre y cinc-, separados por discos de carbón impregnados en una solución salina y conectados en serie.