En 1774, un sacerdote llamado Joseph Priestley calentó óxido de mercurio dentro de un recipiente de vidrio incandescente, que produce un calor más intenso que cualquier llama utilizada por él, y generó un gas incoloro que hacía arder una vela con más brillo que en el aire. Un año después, tuvo la idea de averiguar si podía rspirarse dicho gas, y con tal fin colocó un ratón dentro de una campana de vidrio llena del estraño vapor. Priestley observó que el roedor vivía durante una media hora, en tanto que sólo se mantenía la vida 15 minutos cuando el animal se introducía en la misma campana llena de aire. El sacerdote acababa de descubrir el oxígeno.