Excrementos de paloma en el Bing Bang En 1964, Robert Wilson y Arno Penzias, científicos de los laboratorios Bell, en Holmed (Nueva Jersey), modificaron una antena de radio que había sido utilizada para recibir señales de los primeros satélites de comunicación con el propósito de estudiar las señales de radio procedentes del espacio exterior. Tras hacer los ajustes pertinentes, se encontraron con que la antena recibía un ruido de radiación residual comparable a la estática de la radio. En un principio creyeron que se debía a los excrementos de las palomas, que definieron como una “sustancia blanquecina dieléctrica”. Pero, tras retirar las caquitas, quedaba aún un ruido que fueron incapaces de eliminar. Comentaron el problema con James Puebles, astrofísico de la Universidad de Princeton, que acababa de publicar un artículo sobre el Bing-Bang, la teoría que explica el origen del universo. Los tres llegaron a una conclusión: el ruido detectado por la antena era la radiación remanente de la explosión primitiva del Big-Bang. |