Una mancha que se come bacterias En 1928, una placa de cultivo donde Alexander Fleming observaba el crecimiento de las bacterias se había contaminado por accidente con esporas del moho Penicillium notatum. Estas quizás llegaron hasta allí flotando por el aire desde el laboratorio existente dos pisos inferiores del hospital Santa María de Londres, donde científicos investigaban alergias realizando experimentos con estos hongos microscópicos. Probablemente, Fleming dejó en la mesa de trabajo un cultivo de bacterias, en una habitación carente de calefacción, mientras pasaba unas vacaciones de tres semanas. La temperatura en el recinto era lo suficientemente fría como para permitir el crecimiento del moho y, a la vez, lo suficientemente calurosa como para hacer crecer la bacteria. A su vuelta, Fleming observó que los agentes bacterianos que se hallaban cerca del moho habían muerto. Evidentemente, una potente sustancia antibiótica, que el llamó penicilina, se había ido extendiendo desde el moho. |