Las normas de comunes de educación indican que, tras escuchar un estornudo, respondamos "Jesús" o "salud". En ambos casos estamos llevando a cabo una acción mágica. La costumbre de decir "Jesús" proviene de antiguo, cuando se pensaba que el estornudo era una forma de expulsar demonios por la boca y, por tanto, la reacción inmediata de los demás era una exorcismo para mantener los diablillos a raya. Por otra parte, pronunciar "salud" es una manera de lanzar un hechizo verbal armónico y posiotivo sobre una persona que en el momento de estornudar tiene todos sus canales recpetivos abiertos.