Los babilonios tenían la costumbre de interpretar el futuro leyendo las manchas de aceite que flotaban sobre el agua. Los griegos lo empleaban para dar elasticidad al cuerpo de sus atletas. Ambas culturas creían que el aceite debía mimarse. Según la supertición, derramar el aceite trae diez años de desastres y mala fortuna, por ello los griegos confiaban la manipulación de las sustancia sólo a mujeres vírgenes y a varones puros, ya que pensaban que los espíritus les protegían. Por su parte, los babilonios aseguraban que romper una bottela de aceite singinficaba desgracia y ofensa.