Pensar es peligroso siempre que no pasemos a la acción de inmediato. Al menos esta es la conclusión que obtiene el parapsicólogo Edgar Friendich tras su estudio. Asegura que las ideas vuelan y son capturadas por "cazadores psíquicos", sensitivos que son capaces de sintonizar con la energía del pensamiento, para apoderarse de la inspiración ajena. Friendich aconseja silenciar todo pensamiento o idea genial que tengamos ya que comunicar o simplemente verbalizar el resultado de aquel instante de extrema lucidez significa lanzarlo al cosmos y, en consecuencia, puede ser robado por otra persona.